I EL RECUERDO PATERNO
Aquella mañana me levante muy temprano con la esperanza de llegar a la posada del Corregidor Polo Ondegardo, antes del medio día, procedí a montar el viejo alazán de mi padre y de inmediato partí en medio de una ligera llovizna, era como si mi estado anímico se conjugara con la naturaleza, en estos momentos de gran dolor que acongoja mi alma, la tristeza del paisaje era elocuente pues se reflejaba en las gotas de lluvia mis lagrimas vertidas por su partida inesperada. Durante varias horas cabalgue por los montes, llegando a mi destino empapado hasta los huesos pero el calor del recibimiento me hizo reponer rápidamente, el Corregidor de Tinta era un veterano compañero de mi padre, nacido en Salamanca, a sus setenta años se mantenía sólido como un roble, sus crecidas barbas grises que cubrían su adusto rostro marcado por cicatrices infringidas en los campos de batallas contra los moros e indios americanos, la demostrada fidelidad a mi padre fue el hecho de haberle librado de la muerte en una emboscada por los indios en Guatemala, historia que me relataba constantemente cuando solía visitarnos en el Cuzco para asistir a la fiesta de sortija, toros y juego de cañas organizadas por mi progenitor a los señores principales; por la noche pasaba horas y horas de tertulia con el recordando sus aventuras que siempre terminaba en un duelo amical de espadas; un año atrás había contraído nupcias con una noble recién llegada de la metrópoli y desde esa fecha dejo de visitarnos, el distanciamiento aumentó cuando mi padre obligado por un mandato real debido a su cargo de Corregidor del Cuzco tuvo que casarse con una dama española, razón por la cual mi madre que era india se vio obligada abandonar la casa donde vivíamos, al enterarse del deceso de mi padre y mi viaje a España, el Corregidor me invito a su residencia a pasar unos días. Y para animarme, en una escueta nota que había hecho llegar días antes, indicaba que me tenia preparado una sorpresa. Aquel detalle demostrado por este viejo combatiente hizo reavivar mi innata curiosidad por todo lo relacionado con mi descendencia por parte de mi madre por la amistad que los unía.
II EN LA POSADA DEL CORREGIDOR
Después de almorzar, nos dirigimos a una de las habitaciones mas apartadas y resguardadas de su residencia, abrió una docena de candados de la puerta de entrada seguidamente ingresamos y frente a nosotros se hallaba una especie de “Capilla” cuya vista estaba cubierta por un manto muy antiguo que presentaba dibujos multicolores e iconografías incas que nunca había visto, pero antes de descubrirlo me dijo:
- Mi querido Ricardo, sé que esto le va interesar mucho más ahora que va partir a España, debe usted ver lo que tengo aquí.
De inmediato retiro la manta, quedando descubiertos cinco cuerpos momificados bien conservados, quedándome maravillado ante tal espectáculo y apenas puede balbucear:
- ¿Son realmente lo que yo pienso, amigo mío?.
A lo que sentencio - muy adusto y seguro:
- En efecto son vuestros antepasados, antiguos Reyes Incas que fueron encontrados en sus tumbas reales profanadas por esta razón tu padre y yo decidimos ocultarlas antes que los curas los destruyan en las hogueras pues para los indios son deidades a quienes veneran.
Quise tocarlas porque aún a pesar del tiempo transcurrido parecían estar sólo dormidos, y le replique:
- ¿Y quienes son?
Él me cogió del hombro y me lo dijo al oído como si no quisiese que nadie nos oyese a pesar de encontrarnos en aquella habitación, casi susurrando me relato lo siguiente:
- Tres de ellos son varones y dos de mujer, cuentan los indios que el primero de la derecha es el Inca Viracocha, el segundo es Tupac Inca Yupanqui, y por ultimo el tercero, es Huayna Capac. Las otras dos momias restantes son la Reina Mama Runtu, mujer de Viracocha y la otra, la Coya Mama Ocllo, madre de Huayna Capac.
Mirándome a los ojos dijo:
- Como ves ésta era la sorpresa que te aguardaba y espero que cuando estés en España puedas contar sobre ellos.
Me encontraba tan emocionado que no podía hablar pero ya más sereno le dije:
- Corregidor, le agradezco por haber sido tan amable y haberme dado un poco más de conocimiento sobre los antiguos de mi pueblo; alguna vez, yo sabré corresponderle.
Él me abrazo afectuosamente y dando unas palmadas solo atinó a decir:
- Sólo agradece en tus plegarias a tu padre.
III EL MISTERIOSO COFRE
Luego, me condujo a mis aposentos y antes de retirarse saco de sus bolsillos un pequeño cofre y me lo entrego diciendo:
- Lo que hay dentro del cofre perteneció a tu padre, guardalo.
Tome el cofre y cuando estaba a punto de abrirlo.
Él me detuvo diciéndome; con tono de advertencia:
- Ahora no, podrás verlo mas tarde, es mejor que vayas a descansar, pero antes de abrirlo debes saber que fue tu padre quien lo descubrió en las tumbas reales incas, pues aparte de los tesoros encontró un círculo metálico que estaba junto a las momias, cuando él lo tomo para revisarlo vio que aquél tenia un dibujo ilegible y que no era de oro, entonces decidió entregármelo para guardárselo, ahora que él esta ausente tu debes tenerlo. Lo misterioso es que cuando consultamos a un viejo místico indio nos dijo; que en este círculo metálico estaban guardadas las almas de los reyes incas y que sólo al hijo elegido del sol se le revelarían todos los misterios del mundo antiguo que lo llevarían a encontrar el camino a la inmortalidad, pero antes debería destruir a la gran bestia que los guarda celosamente.
IV UN SUEÑO PREMONITORIO
Aquella noche el cielo se hallaba completamente despejado había cesado de llover, podía sentir el olor a tierra húmeda que invadía mi habitación, la luna alumbraba como si fuese de día, estaba tan cansado y a la vez intrigado por la conversación y haber visto aquellas momias; me recosté y me quedé dormido, habían pasado unos minutos cuando escuche que una voz susurrante que me llamaba por mi nombre !Ricardo!, estaba tan adormecido por el cansancio que no atine a despertarme, pero continuaron llamándome; !Ricardo! la voz resonó en mi cabeza y se apoderaba de mi ser tomando el control le preste más atención y ésta me resulto familiar, reconocí la voz de mi padre, luego pensé, ¡pero si él está muerto! como puede hablarme debo estar soñando, ya debe ser de día alguien trata de despertarme, y al abrir los ojos vi a mi padre parado al pie de la cama, de un salto me levante bruscamente y corrí a su encuentro pero él se desvaneció en la bruma, pero pude escuchar que decía:
- ¡Hijo, abre el cofre!
Entonces desperté y en ese instante corrí a donde lo había guardado y lo extraje de mis pertenencias, lo abrí y vi que brillaba ante mis ojos el viejo metal convirtiéndose en oro y puede apreciar claramente la imagen, era la bestia el “Amaru” la gran serpiente bicéfala el símbolo de la realeza cuzqueña de la panaca del Inca Pachacutec, en aquel momento una gran luz incandescente me cubrió de los pies a la cabeza y fui transportado a la “capilla” donde estaban las momias de los antiguos; ahora ya no eran momias sino personas de carne y hueso, me hablan en el lenguaje de los antiguos incas y me sorprendí porque yo podía comprenderles y responderles sin necesidad de hablar, cada uno de ellos me revelo todos sus conocimientos y vivencias a lo largo toda su vida, al final apareció el Inca Pachacutec y me dijo:
- ¡Deberás vencer a la bestia para poder encontrar el camino a la inmortalidad y el conocimiento y solo entonces todo lo que se ha sido revelado llegara a ti y podrás mostrar al mundo la verdad de tu pueblo!.
V EL RECUERDO IMBORRABLE
Habían pasado varias décadas desde aquel día que tuve esa misteriosa revelación en mi juventud, la tenía postergada completamente de mi existencia, hasta que una noche tuve un sueño muy extraño, me encontraba caminando por un sendero hasta llegar a un puente al cruzarlo y cuando ya me encontraba en mitad de este, una gran bestia apareció de la nada, la ataque con mi espada pero esta se rompió, al verme desarmado recordé aquel sueño anterior y comprendí que tenía una misión que cumplir, pues sólo había buscado de la vida la fama y la fortuna conviertíendome en un seudoespañol, ahora lo entiendo la verdadera arma la había conservado siempre conmigo; tome el circulo metálico de los incas y esta se convirtió en una poderosa arma que di un certero golpe que logre atravesar su acerado corazón y ambos nos convertimos en cenizas, y de estas cenizas yo volví a renacer.