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Chronicles of a man seeking his fate after Spanish conquest and the start of the Viceroyalty of Peru.
Los restos de una mujer que vivió hace 600 años durante el Imperio inca era mujer hilandera de profesión, medía 1,48 metros y se cree que falleció por causas naturales cuando tenía en torno a 20 años.
Un grupo de obreros encontró los restos de una mujer de unos 20 años que vivió hace unos seis siglos —durante el Imperio inca— durante los trabajos de instalación de una tubería de gas en una calle de Lima, informó este viernes. A pesar de que el hallazgo fue realizado en 2018, solo fue anunciado esta semana después de que concluyeran los estudios arqueológicos, incluida la reconstrucción digital de la cara de la mujer, que se habían retrasado por culpa de la pandemia del coronavirus. La fémina, bautizada por los expertos como Wayaw ('sauce', en quechua), medía 1,48 metros y se cree que falleció por causas naturales. Como miles de trabajadoras peruanas en la actualidad, era hilandera, aseguró a la agencia la arqueóloga jefa de la excavación, Cecilia Camargo. "Fue una artesana, no de élite, que se dedicaba a una labor tan noble como es el tejido, con técnicas que hasta hoy se preservan", explicó Carmargo. "Ella era como muchas mujeres actuales que trabajan en tejidos en San Juan de Lurigancho", añadió.
La mujer fue hallada en posición fetal, enterrada junto a objetos textiles y objetos decorativos, como un prendedor de plata y brazaletes con conchas de mariscos. Asimismo, una de las pruebas de su profesión es que tenía desgastados los huesos de los hombros y cadera. El cráneo de la mujer presenta una deformación, rasgo típico en ciertos pueblos que en aquella época habitaban lo que hoy en día es Perú, pues colocaban tablillas, paños y sogas en la cabeza de los niños para distinguirlos. Asimismo, la conocida por los lugareños como la Dama del Sauce tiene cara alargada, nariz aguileña y labios gruesos, según la representación digital elaborada por los arqueólogos. Ahora su esqueleto y objetos personales se entregarán al Ministerio de Cultura para que decida dónde deben exponerse.
"El Sauce fue un centro poblado que se dedicaba a la agricultura, a la orfebrería y pastoreo [hace 600 años], un espacio de control del Imperio inca", declaró a AFP el arqueólogo independiente Julio Abanto, que trabaja en la zona donde se encontraron los restos.
En este sentido, sostiene que el hallazgo "es bastante emocionante, porque es una pieza más que le devolvemos a las perdidas hojas de nuestra historia". "Es un orgullo saber que vivimos en una tierra que tiene mucha historia", añadió.
La ley de Perú obliga a las empresas que llevan a cabo excavaciones a tener en su plantilla arqueólogos, porque a menudo se encuentran con vestigios precolombinos en el subsuelo de la costa del país. Solamente en la capital, hay más de 400 sitios arqueológicos.
Se estima que el felino pertenece a la cultura Paracas y fue labrado mucho antes que las figuras zoomorfas más famosas.
El Ministerio de Cultura de Perú ha anunciado este jueves el descubrimiento de una nueva figura en la Pampa de Nazca, que corresponde a un geoglifo figurativo con forma de gato de unos 37 metros de largo dibujado sobre las laderas de una colina.
Los arqueólogos del ministerio realizaron el descubrimiento por casualidad mientras se realizaban trabajos de remodelación en el mirador natural, desde el cual los visitantes pueden contemplar parte de la gigantescas líneas de Nazca.
El hallazgo se realizó a inicios de año, pero debido a la pandemia del covid-19 las actividades de limpieza y conservación de la figura que permanecía oculta a la vista solo se pudieron concretar en las últimas semanas.
"La figura apenas era visible y estaba a punto de desaparecer debido a que se localiza en una ladera de pendiente bastante pronunciada y a los efectos de la erosión natural", señaló el personal de Cultura en un comunicado.
Los trazos representan a un gato con el cuerpo de perfil y la cabeza de frente, cuyos rasgos fueron bien marcados por una línea de unos 30 a 40 centímetros de ancho.
Se estima el felino fue labrado entre 100 a 200 años antes de nuestra era, mucho antes de las famosas figuras de otros animales como el mono o el pájaro pertenecientes a la cultura Nazca, y por cientos de años permaneció intacto en medio del desierto.
La evidencia apunta a que el gato pertenece a la cultura Paracas, que antecedió varios siglos a la cultura Nazca, a quienes se atribuye los geoglifos más conocidos en esta región. Representaciones de felinos de este tipo son frecuentes en la iconografía de la cerámica y los textiles de la sociedad Paracas.
Un fósil de un gigante árbol ha sido descubierto en el Altiplano peruano por un grupo de investigadores del Instituto Smithsoniano de Investigaciones Tropicales. El árbol podría tener al menos 10 millones de años y su descubrimiento podría revelar cómo ha sido la evolución del clima y qué nos deparará el futuro.
De acuerdo con los estudios realizados a este fósil, el árbol murió a mitad del período de Neógeno, lo que indica que el clima de la región era mucho más húmedo de lo que se pensaba anteriormente.
"Este árbol y los cientos de muestras de madera, hojas y polen fósiles que recolectamos en la expedición, revelan que cuando estas plantas estaban vivas, el ecosistema era más húmedo, incluso más húmedo de lo que predijeron los modelos climáticos del pasado", señaló la paleobotánica Camila Martínez, del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) en Panamá.
Sin embargo, desde ese momento, el clima ha cambiado considerablemente. De húmedo y biodiverso pasó a ser árido, esto se debe en parte a que también sufrió un cambio de altitud.
"Probablemente no exista un ecosistema moderno comparable, porque las temperaturas eran más altas cuando estos fósiles fueron depositados hace 10 millones de años", recalcó Martínez.
Uno de los descubrimientos más relevantes que ha llevado el estudio de este fósil es entender la velocidad con la que cambiaron la vegetación y la altitud en esta región. En un período de cinco millones de años se produjo todo el cambio, de acuerdo a los fósiles de plantas recuperados que tienen apenas cinco millones de años.
Estos fósiles revelan que tenían un ecosistema similar al actual, en lugar de uno que podría haber apoyado el crecimiento de árboles enormes. Es un cambio violento si se observan los procesos de la historia de la Tierra. Este proceso podría haber sido causado por movimientos en la litosfera de la Tierra debajo de América del Sur durante muchos millones de años.
"El registro fósil en la región nos dice dos cosas: tanto la altitud como la vegetación cambiaron drásticamente en un período de tiempo relativamente corto, lo que respalda una hipótesis que sugiere que el levantamiento tectónico de esta región ocurrió en pulsos rápidos", señaló a su vez el paleobotánico de STRI Carlos Jaramillo.
No obstante, uno de los objetivos de estudiar la evolución del clima es poder predecir cómo cambiará de cara al futuro en esta región y qué consecuencias tendrá para la vegetación.
"Para finales de este siglo, los cambios en la temperatura y las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono volverán a aproximarse a las condiciones de hace 10 millones de años", señaló Martínez.
"Comprender las discrepancias entre los modelos climáticos y los datos basados en el registro fósil nos ayuda a dilucidar las fuerzas impulsoras que controlan el clima actual del Altiplano y, en última instancia, el clima en todo el continente sudamericano", concluyó la investigadora.
No le creyeron, lo tildaron de loco. En 1947 cruzó el Pacífico en una balsa, desde Perú hasta Raroia, una isla polinesia, para mostrar que era cierta su teoría sobre el origen de los pueblos polinesios y sudamericanos. Setenta y tres años después, la ciencia le dio la razón. Ésta es la historia de Thor Heyerdahl, el creador de la balsa Kon-Tiki.
El noruego Heyerdahl aceptó el reto de la comunidad científica, que afirmaba que era imposible llegar a la Polinesia cruzando el océano Pacífico. El 28 de abril de 1947 él, cinco tripulantes y un loro se subieron a una balsa construida con maderas, cáñamo y hojas de palma rumbo a la Polinesia.
Emprendieron viaje desde el puerto peruano El Callao, tenían por delante casi 4.000 millas náuticas. Tras 101 días —y decenas de peripecias—, llegaron sanos y salvos a tierra. Mostraron al mundo que en la antigüedad posiblemente los sudamericanos habían cruzado el Pacífico en balsa. Sin embargo, hasta ahora no se les había prestado demasiada atención.
La investigación, que fue publicada en la revista Nature, tomó el ADN de 807 personas de 14 islas de la Polinesia y de poblaciones costeras del Pacífico, desde Chile hasta México. Así comprobó que, como sostenía Heyerdahl, los polinesios tuvieron contacto con pueblos antiguos sudamericanos. Algo que habría ocurrido unos 800 años atrás.
Viaje de Thor Heyerdahl en la balsa Kon-Tiki
Ahora queda claro que la expedición Kon-Tiki fue una hazaña no suficientemente valorada por la ciencia.
La idea hecha balsa
Heyerdahl bautizó a su nave como Kon-Tiki, un nombre polinesio, al descubrir que en ciertas regiones de Oceanía se adoraba al mismo dios solar que las antiguas culturas preincaicas, al que llamaban Kon-Tiki Viracocha. Además, Heyerdahl encontró que algunos monolitos en la Polinesia se parecían demasiado a los que estaban en Perú. Según se explica en National Geographic, esas coincidencias, le llevaron a pensar que no solamente los asiáticos y europeos podrían haber llegado a los archipiélagos del Pacífico, sino que también pudieron haberlo hecho los indígenas sudamericanos.
La teoría de Heyerdhal fue inmediatamente lapidada por antropólogos y científicos de la época, y lo retaron a que él mismo cruzara el océano en balsa. Heyerdhal no lo dudó y estuvo años preparándose para viajar (y buscando a los tripulantes idóneos).
Convenció al artista y navegante Erik Hesselberg, al sociólogo Bengt Danielsson, al experto en radiocomunicaciones y héroe de la Segunda Guerra Mundial, Knut Haugland, a otro experto en transmisiones de radio, Torstein Raaby, y al ingeniero especializado en mediciones técnicas, Herman Watzinger.
Antes de emprender la aventura, el equipo puso rumbo hacia Ecuador en busca de la madera que usaría para la construcción de la balsa, y desde allí viajó hasta Perú donde se fabricaría siguiendo las técnicas antiguas.
"Mi padre nunca tuvo dudas sobre la veracidad de sus teorías. Murió en 2002, a los 87 años, pensando que tenía razón", contó a Viva de Clarín Thor Heyerdahl Jr., uno de los hijos del investigador, desde Noruega.
Thor Heyerdahl posa en el Museo de Kon-Tiki en Oslo, Noruega
¿Cómo era Kon-Tiki?
Fue construida con nueve troncos de 13,7 metros de largo y 60 centímetros de diámetro, unidos entre sí con lazos de cáñamo a otros troncos de 5,5 metros de largo y 30 centímetros de diámetro que los atravesaban transversalmente.
Expedición Kon-Tiki en 1947
La travesía fue registrada en video y en 1951 obtuvo el Academy Award por mejor documental. Heyerdhal también escribió un libro, titulado Kon-Tiki.
¿Quiénes lo apoyaron?
Muchos expertos de la época vaticinaron que era una idea loca, y que la balsa no soportaría el viaje. Conseguir apoyos les resultó difícil. La expedición de Heyerdahl fue financiada mayoritariamente a través de préstamos, aunque también recibió donaciones del Ejército de Estados Unidos en forma de comida enlatada, sacos de dormir y diversos instrumentos de radio y medición, según publicó National Geographic.
El viaje de Heyerdahl a la Polinesia fue el primero de muchos. A partir de ahí construyó los botes de caña Ra, Ra II y Tigris, con los cuales defendió su profundo compromiso con el medio ambiente y la paz mundial. También fue responsable por importantes excavaciones arqueológicas en las Islas Galápagos, la Isla de Pascua y Tucume.
Hoy el Museo Kon-Tiki en Oslo, Noruega, ofrece la posibilidad de sumergirse en la expedición que llevó a cabo Heyerdhal en 1947, la primera de muchas otras que el explorador realizó más adelante: Maldivas, Galápagos, Isla de Pascua (y de las que también se pueden ver una pequeña muestra en el museo).
En 1947, el explorador Thor Heyerdahl cruzó el Pacífico a bordo de una balsa de troncos para probar una teoría. Hoy, estudios genéticos avalan sus ideas.
Kon-Tiki, seis hombres sobre una balsa primitiva.
Mediodía del 24 de mayo de 1947. En algún lugar del Océano Pacífico, 95° oeste y 7° sur: “Cuando el gigante se acercó más a la balsa, reímos a carcajadas estúpidamente, sobreexcitados con la fantástica visión que teníamos delante. Era un animal extremadamente raro, un tiburón ballena, con un promedio de diecisiete metros de largo y, según los zoólogos, unos quince mil kilos de peso. Ninguno de nosotros había sospechado jamás una aventura con aquel monstruo marino. Nos parecía tan absolutamente irreal, que nos era imposible tomarlo en serio”.
La anécdota se relata en el libro Kon-Tiki, testimonio de una peripecia real y fantástica a la vez. La balsa que se menciona en el texto, armada con nueve troncos de 13,7 metros de largo y 60 centímetros de diámetro, flotaba ese día como una cáscara de nuez. Era una réplica de las que usaron algunos pueblos precolombinos: estaba hecha únicamente con maderas, cañas y lazos vegetales. Sin clavos ni acero.
La expedición Kon-Tiki que unió Sudamérica y la Polinesia en 1947
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Viajaban en ella seis hombres, embarcados en una de las aventuras más famosas y épicas del siglo XX: la Expedición Kon-Tiki. Su líder, el explorador y etnógrafo noruego Thor Heyerdahl, pretendía atravesar el Océano Pacífico a bordo de esa nave primitiva, desde Perú hasta la Polinesia.
El explorador noruego Thor Heyerdahl, poco antes de embarcar en la Kon-Tiki.
El objetivo era probar la conexión entre pueblos sudamericanos y polinesios antiguos. Algo que la comunidad científica de esa época descartaba sin rodeos y por unanimidad.
Hace unas semanas, estudios genéticos encontraron rastros polinesios en Colombia y avalaron algunas de las ideas del noruego loco, como algunos descalificaban a Thor.
“Mi padre nunca tuvo dudas sobre la veracidad de sus teorías. Murió en 2002, a los 87 años, pensando que tenía razón”, le cuenta a Viva Thor Heyerdahl Jr., uno de los hijos del investigador, desde Noruega.
El también es explorador, y reniega de quienes llaman aventurero a su padre. “Yo, en cambio, lo calificaría como un científico devoto. Al principio no quise seguir sus pasos, pero soy oceanógrafo y biólogo. Supongo que nuestros caminos convergieron. Hoy siento orgullo de mi padre, pero también de mi madre”, dice.
Mi padre nunca tuvo dudas sobre la veracidad de sus teorías. Murió en 2002, a los 87 años, pensando que tenía razón.
Thor Heyerdahl Jr, hijo del explorador de la Kon-Tiki.
La aclaración tiene que ver con su infancia, que coincidió con la etapa más itinerante de su papá. Cuando Thor padre se fue a cruzar el Pacífico, su esposa Liv se quedó sola cuidando a sus dos hijos, el pequeño Thor y Björn. A su regreso, la pareja se divorció.
El desafío
El viaje de la Kon-Tiki, en realidad, comenzó varios años antes. Tal vez en Larvik, el lugar donde nació el explorador. Su padre, que también se llamaba Thor Heyerdahl, tenía una fábrica de cerveza artesanal, y su mamá, Alison, dirigía la Asociación de Museos de la ciudad. Fue ella quien lo guió en su primeras lecturas.
Bengt Danielsson lava su ropa, en medio de la travesía por el Pacífico.
Al niño Thor le encantaban las aventuras y el dibujo: trazaba mapas imaginarios con islas perdidas en medio del océano. A los 8 años ya le contaba a todos que quería ser explorador.
Video: Así comenzó la expedición Kon-Tiki en Perú
En algunos archivos del Museo Kon-Tiki, enviados a Viva por el curador Reidar Solsvik, hay más detalles sobre la adolescencia de Heyerdahl. A los 15 pasaba gran parte de su tiempo libre en excursiones a paisajes cercanos. Terrenos helados que le gustaba recorrer en compañía de su perro Kazan. Por esa época también escribió sus primeros textos educativos y de divulgación.
Tres de los seis viajeros de la Kon-Tiki estudian una carta oceánica.
En 1933, empezó a estudiar Biología y Geografía en la Universidad de Oslo. Allí conoció a Bjarne Kroepelien, un viajero que había recorrido la Polinesia y puso a su disposición su Biblioteca de la Polinesia, libros invalorables que sin dudas marcaron el destino de Thor.
A los 22 años, se casó con Liv y se fue de luna de miel a Fatu Hiva, en las Islas Marquesas. Enamorados de una naturaleza paradisíaca, se quedaron un año. Allí, sus observaciones y los relatos que escuchó de pobladores antiguos fueron decisivos para elaborar sus teorías.
La ciencia afirmaba que los primeros pobladores de la Polinesia habían llegado desde el Oeste, de Asia. Thor pensaba que también podrían haber venido desde el Este, de Sudamérica. Veía que algunos monolitos en Polinesia se parecían demasiado a los que se podían encontrar en América del Sur.
En los relatos antiguos que oyó en Fatu Hiva, además, le hablaron de Tiki, el hijo del Sol que había viajado desde el Este. Thor sabía que en las culturas pre incaicas se hablaba de Kon-Tiki, el primer nombre conocido del dios inca Viracocha, creador de todo y del Sol.
Erik Hesselberg le toma una foto a Herman Watzinger.
Durante casi una década estudió las dos culturas y reunió datos para elaborar una teoría. Cuando tuvo listo su escrito, recorrió ámbitos académicos y salas de museos prestigiosos en los Estados Unidos. Nadie le prestó atención. Y si lo hicieron fue para decirle que las culturas antiguas sudamericanas jamás podrían haber llegado a la Polinesia, básicamente porque no tenían barcos.
Thor decía que, es verdad, no tenían barcos, pero construían balsas. “Bueno, vaya y viaje en una de ellas, a ver si llega a la Polinesia”, lo desafiaron. Así nació la Expedición Kon-Tiki.
La planificación
El viaje comenzó a diseñarse en 1946. Heyerdahl buscaba ayuda y patrocinadores, y lo preocupaba, especialmente, resolver quiénes lo acompañarían. Para elegirlos fue tan meticuloso como para conectar ideas.
Convenció al artista y navegante Erik Hesselberg, al sociólogo Bengt Danielsson, al experto en radiocomunicaciones y héroe de la Segunda Guerra Mundial, Knut Haugland, a otro experto en transmisiones de radio, Torstein Raaby, y al ingeniero especializado en mediciones técnicas, Herman Watzinger.
“Participé oficialmente en una de las travesías de mi padre, la expedición arqueológica a la Isla de Pascua en 1955-56, cuando me reclutaron como un joven marinero en el barco de la misión. Más tarde, como oceanógrafo profesional, lo ayudé a planificar sus viajes en botes de caña. Lo que recuerdo es que mi padre era muy puntilloso. Siempre me ha impresionado la planificación y la ejecución exhaustiva de sus trabajos”, le comenta a Viva Thor Junior.
Eso explica por qué Thor padre viajó especialmente a Ecuador para ubicar al auténtico árbol de balsa, con el que los pueblos preincaicos hacían sus naves. No fue fácil conseguir 12 troncos en medio de la temporada de lluvias. Pero lo logró. Llegaron a salvo al puerto de El Callao, en Perú, donde los esperaban para construir la balsa según instrucciones antiguas.
Se usaron nueve troncos para la base y cáñamo y hojas de palma para una caseta en el centro, donde llevarían comida, libros, una guitarra, un loro y equipos de radio y filmación.
En su libro, Thor Heyerdahl narra lo sucedido el 28 de abril de 1947, en el Puerto de El Callao, Perú: “Entonces se izó el mástil de bambú que sostenía la vela, en cuyo centro se veía la cabeza barbada de Kon-Tiki pintada en rojo por nuestro artista Erik. El dibujo era copia fiel de la cabeza del Rey-Sol labrada en piedra roja en una estatua de la antigua ciudad de Tiahuanaco. A lo largo de una driza que iba hasta el mástil, ondeaban las banderas de los países que nos apoyaban. En el fondo de mi corazón, sabía que tendríamos éxito”.
En esta expedición, la primera de una larga saga, Thor Heyerdhal enfrentó sus propios límites (apenas podía nadar) y el bullying académico. Todo lo contó en Kon-Tiki, el libro que se tradujo a más de 70 idiomas, y fue llevado como documental al cine, donde ganó un Oscar.
Allí relata cómo, luego de 101 días, el 7 de agosto de 1947, y decenas de zozobras, la balsa llegó a un arrecife del atolón Raroia, en Polinesia.
Las conclusiones
¿Heyerdahl tenía razón? Un reciente estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos, y del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Chile, reveló lazos genéticos entre las islas polinesias y las poblaciones nativas sudamericanas 32 generaciones atrás.
La investigación, que fue publicada en la revista Nature, tomó el ADN de 807 personas de 14 islas de la Polinesia y de poblaciones costeras del Pacífico, desde Chile hasta México. Así comprobó que, como sostenía Heyerdahl, los polinesios tuvieron contacto con pueblos antiguos sudamericanos. Algo que habría ocurrido unos 800 años atrás. Es decir, antes de lo que se creía hasta ahora.
Erik Hesselberg toca la guitarra mientras observa los peces que rodean a la balsa.
La expedición Kon-Tiki, que recorrió 8 mil kilómetros, fue una hazaña más allá de las valoraciones científicas. Sus tripulantes habían llevado agua potable pero, cuando se terminó, bebieron linfa de pescado. Comida, dicen, no les faltó. Tenían raciones preparadas y comían peces voladores que caían atontados sobre la balsa u otros que pescaban por turnos.
Vieron animales que no conocían, como el enorme tiburón ballena, más grande que la embarcación primitiva que conducían sobre el Pacífico.
Pero no se asustaron: “En ese momento, sólo una cosa se nos aparecía perfectamente clara; si la balsa se hacía pedazos, nos iríamos a Polinesia cada uno montado en un tronco, antes que volver cabizbajos al Perú".
Una reciente investigación sugiere que los indígenas americanos tuvieron contacto con habitantes de las islas del Pacífico Sur alrededor del año 1200 de nuestra era.
Científicos de la Universidad de Stanford, en colaboración con investigadores del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) y las Universidades de Oxford, Oslo y de Chile, estudiaron el ADN de 807 personas originarias de la Polinesia francesa, así como de poblaciones nativas del continente americano ubicadas en la costa del Pacífico, desde México hasta Chile.
Tras la comparación, realizada con base en un mapa de coordenadas que cubre todos los cromosomas y la diversidad genética en los latinoamericanos modernos, a fin de capturar la huella de todos los posibles ancestros de cada persona.
Por medio de una distribución de longitud de segmentos cromosómicos por ancestría, los investigadores determinaron que hace 800 años pudo existir una mezcla entre ambas poblaciones. En particular, los pobladores de la isla de Pascua y de cuatro islas polinesias (Mangareva, Palliser, Fatu Hiva y Nuku Hiva) cuentan con pequeñas cantidades de ADN heredado desde el siglo XIII.
Si bien el estudio brinda pruebas sobre el mestizaje entre ambas culturas, deja abierta la duda sobre cuál de las dos civilizaciones realizó el viaje. Una siguiente fase de esta investigación tratará de demostrar la ruta que siguieron los primeros pobladores polinesios, a fin de esclarecer el punto de contacto.
En todo caso, brinda una posible explicación sobre la llegada de la batata o camote a la región de la Polinesia tiempo antes de la llegada de marineros europeos. La presencia de este tubérculo había sido vista como una sugerencia del contacto entre ambas poblaciones, aunque hasta ahora es posible determinar con mayor exactitud el encuentro entre estas poblaciones.
Confirman el contacto entre pueblos de la Polinesia y de Sudamérica siglos antes de la llegada de los europeos
Gracias al análisis de ADN, los científicos encontraron pruebas de que existieron viajes entre ambas regiones hace alrededor de 800 años.
Un nuevo estudio demuestra que pueblos nativos de Sudamerica y de la Polinesia estuvieron en contacto alrededor del año 1200. Científicos del Centro Médico de la Universidad de Stanford (EE.UU.) encontraron rastros de ADN de los primeros en el genoma moderno de los segundos.
Los resultados de la investigación revelaron que los antepasados de los polinesios mantuvieron contacto con americanos de la región donde hoy se encuentra Colombia.
Para el experimento se recolectaron muestras de saliva de más de 800 voluntarios en 17 islas de la Polinesia, así como en 15 grupos de indígenas a lo largo de la la costa americana del Pacífico, desde México hasta Chile. Los científicos destacan el alto interés de los participantes del experimento en el estudio.
La existencia de estos contactos fue objeto de debate científico durante décadas. De hecho, en el año 1947, el explorador noruego Thor Heyerdahl decidió viajar en una balsa desde Sudamérica a la Polinesia para demostrar que si él podía, también podían haberlo hecho las tribus de la antigüedad.
Más cerca en el tiempo, en 2014, un estudio del ADN de 27 nativos de Rapa Nui demostró que cerca del 8 % de su composición genética provenía de antepasados americanos.
Anteriormente, algunos investigadores habían notado un parecido entre estatuas de la Polinesia y de Sudamérica. Y eso no es todo, otro signo de parentesco entre estas culturas es el hecho de tener palabras muy similares. Así, por ejemplo, batata en lenguas polinesias se dice "kuumala", mientras que en quechua es "kumara" o "cumal".